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1.9.09

De repente...

De repente necesitas paz,
Un chico que no tenga un pasado,
Que no tenga maldad,
Alguien en que puedas confiar,
No alguien con problemas depresivos como yo.

De repente necesitas ser feliz,
No alguien que te haga llorar,
Alguien fácil de llevar en el bolsillo
Alguien acostumbrado a obedecer,
De repente necesitas más.

O quizás alguien que no se olvide de amar,
Alguien que te de regalos siempre,
Que no se olvide de las fechas importantes,
No alguien despreocupado,
Alguien dejado, olvidadizo y torpe,
Que no sea malcriado, que sepa comportarse,
Que no grite ni se altere.

De repente..............

.............nunca me necesitaste.

8.1.08

Aprendiendo - Borges


Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse.
Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos,
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del Sol puede quemar. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende ... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo...

Jorge Luis Borges

27.12.07

Cristo no vive en navidad - Jimmy Calla Colana


Nací hace dos mil años,
nací hace veinte siglos,
junto a gente bien humilde
de un establo de Belén.

Vine a la tierra a luchar
contra el amo esclavista
contra el sistema de colmillos y dardos,
contra los inventores de cadenas y grilletes,
contra el imperio romano de ayer
y todos los fariseos de hoy.
Me llamaron el redentor, el Salvador, el Mesìas el Nazareno.

En verdad, vine a este mundo y jamás me he ido.
soy un hombre de carne y hueso
y lo sigo siendo eternamente.

Desde hace dos mil años me memoran,
me aplauden, me alaban y me ensalsan.
Incesantemente evocan mi llegada.

Lo reconozco les agradezco.
pero no entiendo sus algarabías no los comprendo...
Mejor guarden su incienso,
sus plegarias para otra ocasión.

Pues no me deleitan. No me agrada,
no me satisface que me celebren estos dos mil años,
estos veinte siglos.

Detesto que se hayan adueñado de mi nombre,
detesto que se trafique con mi nacimiento
con mi familia, con mi cruz, con mi palabra.

Estas "falsas navidades" se han convertido
en grandes y fastuosas fiestas faraónicas
de frívolos fuegos artificiales por doquier.

El proseletismo y falaz globalización de canastas vacías
en toda la tierra relega y humilla
a los más pobres que son la razón de mi ser.

Ellos, que caminan por las calles pedregosas e inciertas
levantando su mano y esperando una migaja de pan.
Ellos son la razón de mi existir.

Ellos, que lloran por el hermano caído
y maldicen a las serpientes
la hora de estar en este mundo sin abrigo y sin techo.
Ellos son la razón de mi cruz.

Ellos, que venden flores y agua en los cementerios
en busca de una moneda que ayude a comprar vida.
Ellos son la razón de mi existencia.

Ellos, que reciclan basura, respirando plomo,
vendiendo periódicos y lustrando zapatos.
Ellos son mi corona de espinas y la lanza clavada en mi corazón.
Y en todos ellos hay un Cristo Redentor.

Pero ustedes... hipócritas, mentecatos, fariseos
nunca me aceptaron como soy.

¿No me rechazaste cuando te pedí un pan?
¿No me repudiaste cuando en la puerta de un hospital mi corazón moría?
¿No rehusaste darme una moneda cuando cantaba en el fondo de un micro?
¿No contemplaste impasible que niñas vendan sus boquitas pintadas a cambio de una sucia moneda para llevar algo que comer a su cautiva morada?

Entonces si sois mentecatos, si sois fariseos, si sois hipócritas.

¡Nada valen para mí!

14.11.07

Homenaje a "Le Fleurs du mal" (1857)


Un poema de Rubén Darío y otro del poeta peruano Martín Rodríguez-Gaona nos recuerdan otros dos poemas de Las flores del mal de Charles Baudelaire. De esta forma también queremos hacerle un pequeño homenaje al poeta, pues este año se cumplen 150 años de la publicación del famoso libro.


En el conocido poema “Sonatina” reconocemos varias de las mejores expresiones modernistas del poeta nicaragüense, desde el exotismo de sus temas hasta el vigor del ritmo y de la rima externas e internas. Pero también está presente el spleen, el tedio, el ineludible encuentro con la cosa de lo real y la nada, tal como lo reconoció el poeta parisiense en su época: la princesa lo tiene todo, pero yace aburrida en su silla de oro, aparte de todo el fasto. Precisamente, uno de los poemas que Baudelaire titula “Spleen” (para ser precisos, el tercero, número 88, pues hay tres más) trata, obviamente, el mismo tema, pero también tiene un personaje parecido. En este caso, sin embargo, se trata de la comparación del yo poético con un rey quien “despreciando el halago de sus educadores se aburre con sus perros y animales domésticos”.


El otro poema es “Efectos personales”, del libro de mismo título (Efectos personales, Ediciones de los Lunes, 1992) del poeta peruano Martín Rodríguez-Gaona. Aquí el tema y el ritmo son otros. “Efectos personales” es un largo poema donde se relata el paseo de un hombre que sube y baja de varios autobuses recorriendo la ciudad y acompañado de su novia, utilizando un lenguaje alegre, ligero, gracioso, y pensando en su trabajo y en la filosofía (“A pesar de la subversión, ya todo está/ en Habermas”). El poema de Baudelaire es “A una transeúnte”, donde el poeta ve pasar a una mujer y es “aniquilado” por ella con su mirada. “¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?”, se pregunta. El contacto entre el hombre y la mujer es único y verdadero, pero también es el último. El mundo moderno es el mundo de la velocidad, del desfallecimiento, donde los que presencian –o gozan— la belleza también deben conformarse con su fugitivo paso.
Transcribimos los poemas de Baudelaire, cada uno con su correspondiente “heredero”, y luego colocamos los mismos
poemas en francés.


Spleen


Yo soy como el rey de un país lluvioso,
Rico, pero impotente, joven y no obstante antiquísimo,
Que, de sus preceptores despreciando las reverencias,
Se hastía con sus perros como con otras bestias.
Nada puede distraerle, ni caza, ni halcón,
Ni su pueblo muriendo ante su balcón.
Del bufón favorito la grotesca balada
No distrae más la frente de este cruel enfermo;
Su lecho flordelisado se transforma en tumba,
Y las azafatas, para las que todo príncipe es bello,
No saben más encontrar el impúdico tocado
Para arrancar una sonrisa a este joven esqueleto.
El sabio que le hace el oro jamás ha podido
De su ser extirpar el elemento corrompido,
Y en esos baños de sangre que de los romanos proceden,
Y de los que de sus lejanos días los poderosos se recuerdan,
No ha sabido recalentar este cadáver alelado
Por el que corre, en lugar de sangre, el agua verde del Leteo.

Las flores del mal, Charles Baudelai